Mucho tiempo sin escribir en el blog. Pasaron muchas cosas que, aparentemente, impactaron para que las entradas al blog sean igual a cero. Una de ellas fue mi cambio de lugar de trabajo, que en cierto modo hizo que me autocensurara. Confieso que mno he recibido ningún comentario al respecto, pero por alguna raón íntima disminuí mis entradas y finalmente dejé de escribir. Nunca fue anónimo, pero tuvo un efecto parecido al que varios bloggeros amigos sufrieron cuando pasaron del anonimato a la publicidad.
No se si seguiré por aquí. Los cambios y la incertidumbre disminuyeron a la vez mi productividad académica y tengo muchas cosas pendientes: papers por escribir, libros por terminar, investigaciones por hacer y libros (muchos, y muchos) por leer que no he leido. Asi que quizás, este sea el ultimo post.
Me quedan en la agenda muchas cosas. Una post que tenia casi listo sobre los dilemas del PRO. Dar a conocerlos escenarios político que presenté en una reunión del PNUD, el día siguiente de la elección de 2011 (que se están dando). Los cambios en los ejes izquierda derecha de argentina. La política en las provincias (sobre todo las bicamerales). El calendario de elecciónes, las elecciones municipales, etc.
Quizás regrese, quizás no. Les mando un abrazo! Feliz 2013
Votos Ponderados
Diego Reynoso
jueves, 20 de diciembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
El dilema de la UCR
Ese viejo bipartidismo, elogiado recientemente por Casullo y Teresechuk (elogio de la partidocracia), y sobre todo en los años 80 con las renovaciones radicales y peronistas en marcha, podría habernos dejado un formato del tipo socialdemocatas-socialcristianos a la europea, pero las derrotas internas de ambas renovaciones truncaron el proyecto. El viejo bipartidismo que estructuró a la Argentina entre UCR-PJ, quedó atrás en 1994, con la emergencia del Frepaso. Desde 1995 hasta 1999, el sistema de partidos mantenía una mecánica bipolar, aunque no un formato bipartidista. La UCR ocupó allí un lugar centrista, que le permitió articular una alianza electoral exitosa junto al Frepaso que conquistaron los corazones de los sectores medios. Pero el sueño de un sistema multipartidista con mecánica bipolar, duró poco. En 2001 el sistema de partidos estalló. No voy a contar toda la historia, ni tampoco dar explicaciones de porqué estalló. Simplemente, el sistema de partidos se fragmentó a tal punto que en las elecciones intermedias de 2001, del total de 24 millones del padrón solo votaron por una alternativa positiva 14 millones. Los 10 millones de diferencia fueron abstenciones, votos en blanco y votos nulos. De los 24 millones, solo 5 millones votaron por el PJ y 3 millones lo hicieron por la Alianza-UCR. La caida del sistema de partidos fue total.
Desde 2003 hacia aquí el FPV recompuso una mitad del sistema de partidos. Pero no hubo una alianza, frente o partido político que haya podido estructurar a la otra mitad. Y es aquí donde el #8N sacude a la política. Es la base social, en este caso, la que se pone por delante de los potenciales dirigentes que ese sector reclama. Y es aquí donde veo yo el dilema de la UCR.
La UCR puede ocupar un lugar de articulación importante de ese espacio. Ya lo hizo en 2009 al coordinar con el Socialismo y la Coalición Cívica, el Frente Cívico y Social. Pero su estrategia ha sido oscilante: en 2007 con la integración de UNA, y en 2011 con la conformación de UDESO. En las tres ultimas elecciones cambió de socios, y con ello de posicionamiento. Estas oscilaciones fueron y son difíciles para estructurar y articular al electorado, junto a lo cual en cada elección debió competir con alternativas que emergían para disputarle el electorado. Asì en 2007 la Coalición Cívica le arrebató el segundo lugar, del mismo modo que el Frente Amplio Progresista lo hizo en 2011. La división del electorado en alternativas inestables y volátiles, no sólo impidió por definición la estructuración o institucionalización de una oposición electoral, sino que favoreció la conversión del FPV en un partido dominante.
Hoy la UCR enfrenta el mismo dilema: las diferencias ideológicas de sus dirigentes y el potencial electorado a disposición. No es la primera vez que enfrenten el problema de un electorado de centroderecha con una dirigencia de centroziquierda, tal y como lo caracterizó Mora y Araujo a la coalición Alfonsinista. O también al revés, como sucedió en 1999 con la formación de la Alianza UCR-Frepaso. En este sentido parecieran abrirse dos tentaciones: construir una oposición desde una posición progresista, en lo que se ha dado en llamar el campo nacional y popular, pero organizando su interpelación desde la calidad de las "instituciones" democráticas y republicanas --posición que sostienen los dirigentes del alfonsinismo residual-- lo que los acercaría al FAP si pretenden construir una amplia alianza electoral; o bien apuntarle a la "otra mitad" de la mitad del electorado, en donde el PRO está construyendo su base de apoyo: los sectores medios menos preocupados por la agenda institucional y más por el cambio de política económica y social --posición que sostienen con más claridad Ernesto Sanz, Oscar Aguad, entre otros. En suma, proponer una agenda que los posicione en el centroizquierda u otras que los posicione más afín a la centroderecha.
De existir ambas opciones electorales, es seguro que esa mitad seguirá partida como en 2007 o 2011, y el FPV seguirá siendo, desgastado y maltrecho incluso, relativamente dominante. Por eso, creo yo, la articulación de un programa que los sume es la condición para ganarle al FPV. Y no es fácil estructurar esa propuesta. Y aún mucho más difícil lograr la coordinación política de las candidaturas. Puede ser más sencillo en 2013, donde hay cierta autonomía relativa en el armado de las listas, provincia por provincia; pero les será arduo en 2015 cuando haya que elegir a un sólo candidato presidencial. Las PASO pueden ayudar a simplificar la selección, pero deben resolver el problema de la articulación de las partes. Dependiendo del gusto leerán a Laclau, a Riker o a Olson, pero en todos los casos deberán entender el arte de la agregación de demandas heterogéneas para darle unidad y sentido al #8N.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Las 7 demandas del #8N
Si lograran hacerlo, el partido o la opción política que emergería de eso tendría que tener más o menos en cuenta las heterogéneas demandas de los movilizados. El arte de esa articulación no es sencillo, pero no es imposible. Quiero decir, debería contenerlos a todos ellos. Como twitteo Esperanza Casullo, "deberían leer a Laclau, en vez de rechazarlo", o tambien, digo yo, deberían leer a Olson (La logica de la acción colectiva) y a Riker (El arte de la manipulación política). Algo de herestética, de una u otra forma. Es decir, deberían unificar esas demandas heterogéneas a partir de una identidad común que se enfrente al Kirchnerismo. Algo que al parecer entendió Capriles, en Venezuela por ejemplo. Y que en Estados Unidos funciona desde siempre articulando al electorado en Republicanos vs. Demócratas. En suma: "la lógica populista" de la que están en contra, no es más que una forma de construir el espacio de competencia.
Nuevamente, la escuché a @mecasullo decir que "si yo fuera un político de la oposición, daría una conferencia de prensa anunciando los 10 puntos para reconstruir Argentina". Dando vueltas por la manifestación de #8N identifiqué 7 demandas intensas, Si nos concentramos en esas demandas y preferencias de los movilizados, podemos confeccionar una lista que esperan de un político que las encarne. Las coloco en orden a la intensidad que percibí tenían.
1. Una clara posición contraria a una reforma constitucional que modifique el número de mandatos permitidos para un presidente. Un gran número, si no todos, se manifestaron en contra de la posibilidad de modificar la constitución para habilitar a la actual presidenta a competir en las elecciones de 2015.
3. Control de la inflación, lo que en cierta medida se asocia más con la emisión de moneda y el aumento del consumo. Junto a una reducción de la presión impositiva a los sectores medios y altos. La presión tributaria por parte de ARBA, AFIP, e incluso del gobierno de la ciudad, son rechazadas intensamente por los sectores movilizados.
4. Una política de seguridad, más dura (no hace falta aclarar que una buena parte de los movilizados tenían en su lista de "horrores" el problema de la inseguridad)
5. Una menor concentración del poder en el ejecutivo, con el consiguiente cuestionamiento de la falta de independencia de los otros poderes (sobre todo el judicial); vinculado todo ello a los casos de corrupción o supuesto enriquecimiento de algunos funcionarios públicos (p.e. el vicepresidente). (como señala El Lurke en comentario al post incluido la relación entre nación y provincias).
6. Una reducción de la ayuda social a los sectores de menores recursos. Uno de los malestares de los sectores más conservadores movilizados se dirigió contra la trasferencias monetarias a los sectores más bajo de la población, por considerar que ello introduce desincentivos al trabajo y al esfuerzo.
Si esto se lograra, quizás veríamos nacer a una especie de Partido Republicano Argentino, o algo por el estilo. Les falta un conductor político, una figura que logre representarlos. Un líder!!! Hay candidatos para ocupar ese lugar, pero la cuestión es si tiene el talento.
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Después del #8N
La manifestación del #8N nos deja algunas cosas más claras y acentuadas respecto del cacerolazo anterior. Básicamente pienso lo mismo que escribí en su momento (Cacerolas reloaded: ver aquí) y del potencial peligro que esas energías no se canalicen política y electoralmente (Desazón Inorgánica: ver aquí). Pero dada la magnitud de esta movilización, que según datos fue de 200 mil a 600 mil participantes, se imponen algunas consideraciones adicionales. En primer lugar, el mínimo común denominador de los movilizados; en segundo lugar, la posibilidad de construir una identidad social común; en tercer lugar, la incertidumbre respecto de su suerte electoral; y, en cuarto lugar, la debilidad política en que podrían encontrarse. Voy por punto.
1. El mínimo común denominador. El 8 de Noviembre fue el punto más alto de las manifestaciones o movilizaciones de los que no están de acuerdo con el gobierno de CFK. Este es el punto central, para mi: lo que los une es una posición negativa frente al gobierno. Van desde los anti-K más recalcitrante, alguno de los cuales pueden ser bien descriptos como "gorilas" --si se me permite la expresión-- hasta los que podría definir como desilusionados con el gobierno K, pasando por los que no tenían ni ilusiones, ni eran anti-K's sino simplemente favorable a otras ideas o corrientes político partidarias. Una amplia gama, cuyo mínimo común denominador es no ser K. Hasta aquí, no hace falta ser K o no K, para reconocer este hecho.
2. La organización y la identidad social. Las marchas hasta ahora han tenido un poco de espontáneo, con poco de organización. El "Cacerolazo del 13S" (bautizado así en retrospectiva) no tuvo esta fuerza del número, aunque puso en la mesa de debate la discusión sobre sus características y demandas. Este #8N, a diferencia de la anterior, ha sido numeroso, y ello fue producto del tiempo de trabajo que le han dedicado sus "organizadores". Desde hace días, semanas, que en las redes sociales se venían preparando y movilizando detrás del hashtag #8N. A ello, hay que sumarle los medios de comunicación tanto oficialistas como opositores --pero sobre todo los opositores-- que contribuyeron, como es lógico, a amplificar la convocatoria. Si hubo un aprendizaje para los no-K fue el haber aprendido que de la espontaneidad no podían esperar nada, y se pusieron a trabajar en la organización de la misma. En este sentido, dieron un paso adelante. Hubo una organización social del descontento. Nótese bien, los no-K han dado un paso importante en una arena: la social. Es decir, hay amplios sectores sociales que están en contra de gobierno y están reconociéndose entre ellos. Están forjando una identidad común, que el 8N les ha permitido identificar.
3. La incertidumbre electoral. Ahora bien, esa identidad social común que puede ser unificada detrás de su oposición al gobierno no necesariamente se convierte en política o en oposición electoral. Para muestra un botón: en las elecciones de 2007, CFK obtuvo el 45% de los votos, mientras que el 55% restante se fragmentó en diferentes opciones (Carrió 23%, Lavagna 17%, etc.). Algo similar en 2011. En este sentido, el 8N nos pone frente a la demanda social, pero nos llena de incertidumbre respecto de su potencial electoral. Para ello se requiere una amplia coordinación entre diferentes lideres políticos que unifiquen esas demandas y les den coherencia, o al menos la sinteticen en una oferta electoral unificada. Esto es más facil cuando las elecciones son legislativas, como las del año que viene, en donde diferentes dirigentes pueden encabezar listas unificadas en cada uno de los 24 distritos. Pero es más arduo cuando hay que construir una sola candidatura nacional presidencial a la que TODOS le aportaran votos y, en consecuencia, le cederán poder.
4. La debilidad política. Supongamos por un instante que logran coordinar la oferta electoral. Ahi viene un nuevo escollo: construir una coalición política viable. Para hacer entendible este problema, lo voy a intentar ilustrar. Puede que una mayoría o una simple pluralidad numerosa no quiera al gobierno, por eso marcha. Marcha además porque pretende que las políticas públicas respondan a sus preferencias y no a las de otros (en este caso los que si prefieren al gobierno). Ahora bien, para que ello sea posible deben primero ganar una elección, conseguir la mayoría de escaños de la cámara de diputados, de senadores, de gobernadores, incluso de intendentes. Para lograr controlar los puestos de toma de decisión, que es la condición para poder implementar sus políticas preferidas, los tienen que ganar. Para ello tienen que construir, por lo menos, una alianza electoral que derrote al Kirchnerismo. No pueden darse el lujo de ofrecer diferentes alternativas. Si lo hacen, dividen el voto, y se olvidan de conseguir los puestos de toma de decisión que pretenden. Pero, y aquí viene el problema y la debilidad de estos sectores no-K, tienen que construir una alianza electoral que además este basada en una coalición política viable. Es decir, pueden juntarse para ganar la elección, pero para que ello no sea meramente negativo o reactivo, deben lograr unificar una agenda de propuestas que compartan. Los dirigentes que pueden hacerlo son los del FAP, los del PRO, la UCR y el peronismo federal, más todo lo demás. Todos --lease bien--- todos juntos deberían ser capaces de construir una opción política alternativa frente al kirchnerismo que responda a las demandas de los movilizados. Un mínimo fallo, y pierden nuevamente. Si pierden nuevamente, no pueden pretender que un gobierno no elegido por ellos haga lo que ellos prefieren.
Ahora bien, para lograr una coordinación política de la magnitud que se requiere, hay que pasar revista primero por las demandas de los movilizados... son heterogéneas, pero no imposible de organizar. En próximo post las punteo.
1. El mínimo común denominador. El 8 de Noviembre fue el punto más alto de las manifestaciones o movilizaciones de los que no están de acuerdo con el gobierno de CFK. Este es el punto central, para mi: lo que los une es una posición negativa frente al gobierno. Van desde los anti-K más recalcitrante, alguno de los cuales pueden ser bien descriptos como "gorilas" --si se me permite la expresión-- hasta los que podría definir como desilusionados con el gobierno K, pasando por los que no tenían ni ilusiones, ni eran anti-K's sino simplemente favorable a otras ideas o corrientes político partidarias. Una amplia gama, cuyo mínimo común denominador es no ser K. Hasta aquí, no hace falta ser K o no K, para reconocer este hecho.
2. La organización y la identidad social. Las marchas hasta ahora han tenido un poco de espontáneo, con poco de organización. El "Cacerolazo del 13S" (bautizado así en retrospectiva) no tuvo esta fuerza del número, aunque puso en la mesa de debate la discusión sobre sus características y demandas. Este #8N, a diferencia de la anterior, ha sido numeroso, y ello fue producto del tiempo de trabajo que le han dedicado sus "organizadores". Desde hace días, semanas, que en las redes sociales se venían preparando y movilizando detrás del hashtag #8N. A ello, hay que sumarle los medios de comunicación tanto oficialistas como opositores --pero sobre todo los opositores-- que contribuyeron, como es lógico, a amplificar la convocatoria. Si hubo un aprendizaje para los no-K fue el haber aprendido que de la espontaneidad no podían esperar nada, y se pusieron a trabajar en la organización de la misma. En este sentido, dieron un paso adelante. Hubo una organización social del descontento. Nótese bien, los no-K han dado un paso importante en una arena: la social. Es decir, hay amplios sectores sociales que están en contra de gobierno y están reconociéndose entre ellos. Están forjando una identidad común, que el 8N les ha permitido identificar.
3. La incertidumbre electoral. Ahora bien, esa identidad social común que puede ser unificada detrás de su oposición al gobierno no necesariamente se convierte en política o en oposición electoral. Para muestra un botón: en las elecciones de 2007, CFK obtuvo el 45% de los votos, mientras que el 55% restante se fragmentó en diferentes opciones (Carrió 23%, Lavagna 17%, etc.). Algo similar en 2011. En este sentido, el 8N nos pone frente a la demanda social, pero nos llena de incertidumbre respecto de su potencial electoral. Para ello se requiere una amplia coordinación entre diferentes lideres políticos que unifiquen esas demandas y les den coherencia, o al menos la sinteticen en una oferta electoral unificada. Esto es más facil cuando las elecciones son legislativas, como las del año que viene, en donde diferentes dirigentes pueden encabezar listas unificadas en cada uno de los 24 distritos. Pero es más arduo cuando hay que construir una sola candidatura nacional presidencial a la que TODOS le aportaran votos y, en consecuencia, le cederán poder.
4. La debilidad política. Supongamos por un instante que logran coordinar la oferta electoral. Ahi viene un nuevo escollo: construir una coalición política viable. Para hacer entendible este problema, lo voy a intentar ilustrar. Puede que una mayoría o una simple pluralidad numerosa no quiera al gobierno, por eso marcha. Marcha además porque pretende que las políticas públicas respondan a sus preferencias y no a las de otros (en este caso los que si prefieren al gobierno). Ahora bien, para que ello sea posible deben primero ganar una elección, conseguir la mayoría de escaños de la cámara de diputados, de senadores, de gobernadores, incluso de intendentes. Para lograr controlar los puestos de toma de decisión, que es la condición para poder implementar sus políticas preferidas, los tienen que ganar. Para ello tienen que construir, por lo menos, una alianza electoral que derrote al Kirchnerismo. No pueden darse el lujo de ofrecer diferentes alternativas. Si lo hacen, dividen el voto, y se olvidan de conseguir los puestos de toma de decisión que pretenden. Pero, y aquí viene el problema y la debilidad de estos sectores no-K, tienen que construir una alianza electoral que además este basada en una coalición política viable. Es decir, pueden juntarse para ganar la elección, pero para que ello no sea meramente negativo o reactivo, deben lograr unificar una agenda de propuestas que compartan. Los dirigentes que pueden hacerlo son los del FAP, los del PRO, la UCR y el peronismo federal, más todo lo demás. Todos --lease bien--- todos juntos deberían ser capaces de construir una opción política alternativa frente al kirchnerismo que responda a las demandas de los movilizados. Un mínimo fallo, y pierden nuevamente. Si pierden nuevamente, no pueden pretender que un gobierno no elegido por ellos haga lo que ellos prefieren.
Ahora bien, para lograr una coordinación política de la magnitud que se requiere, hay que pasar revista primero por las demandas de los movilizados... son heterogéneas, pero no imposible de organizar. En próximo post las punteo.
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lunes, 8 de octubre de 2012
La paradoja Chávez
Publiqué en Facebook un post sobre Chavez. Lo publiqué porque leí, incesantemente, comentarios contra su tercera re-elección. A mi en lo personal Chavez me parece una paradoja. Vamos por parte.
1. Me parece un problema que en una sociedad tan heterogénea, no haya dirigentes capaces de articular otras heterogeneidades para alternar en el gobierno sus intereses con los intereses de quienes si se sienten representados por el Chavismo.
2. Guste o no guste Chavez, cierto es que no se le puede pedir dejar de tener esa habilidad al político. Es político, quiere el poder. Limitarlo sería lo correcto, dicen muchos y con buenas razones.
3. El otro problema es la poca institucionalización de la supuesta revolución bolivariana. Si el proyecto político fuera colectivo, realmente colectivo, no deberían depender de una sola persona para llevarlo adelante (aquí vendrían los que tienes "razones populistas" para sostener el rol del líder).
Hecho el descargo, que aplica a muchos países, comento que postié lo siguiente:
Ahora, ver en la duración del mandato de Chavez un problema de legitimidad política es otra cosa bien diferente. Algunos indican que no hay sistemas presidenciales que habiliten la duración del mandato por tantos períodos y, que sin embargo, sí sucede en los sistemas parlamentarios. En ello se entiende que no es problemático en estos últimos sistemas y si lo es en los primeros. No está muy claro el asunto. De echo uno de los principales críticos del presidencialismo esgrimía como ventaja en favor del parlamentarismo la durabilidad de los gobiernos y la inestabilidad de los gobiernos en los sistemas presidenciales. No se si logro explicarme!
Es por ello que creo, también, que sobre el tema régimen político hay algo por el estilo.... Un primer ministro elegido por parlamentarios ¿es más legítimo, más democrático, o (pongan lo que crean que completa mejor la pregunta) que un presidente electo? Quiero decir, (y obvio que no aplica para el caso de Miterrand que ganaba elecciones presidenciales), no se si el hecho de que sea un sistema parlamentario hace preferible una mayor duración del mandato que el hecho que sea un sistema presidencial, en donde para el caso hay un congreso elegido en forma separada del presidente (checks and balance); más aún si el sistema es bicameral.
En cuanto a mis preferencias políticas, no me creo el cuento de redención chavista. Ni un tantito así! Pero no puedo negarle que ha logrado tener a la mayoría de su lado y ganar elecciones que --a decir de observadores internacionales-- son libres y limpias. Por otra parte, no creo que ganar una elección sea sinónimo de validar una verdad o tener razón, ni mucho menos que sea la forma en que se manifieste la "voluntad general". Pero salvo que crea que hay otras formas superiores de resolver las diferencias políticas que someterlas a elecciones, no puedo hacer más que aceptar el resultado.
¿Doble standard? Más allá de las preferencias anti o pro Chavez (que en le personal, no es de mi mayor agrado), me llama la atención que se cuestione que Chavez esté tanto tiempo en el poder (por medio de elecciones) y que no les haya parecido problemático que Miterrand fuera presidente de Francia de 1981 a 1995, o que Konrad Adenahuer fuera Canciller de Alemania de 1949 a 1963, o casos por el estilo.Como era de esperar, pro-Chavistas o como les quieran llamar, festejaron el comentario (incluso algunos lo compartieron). Otros, no sin razón, llamaron la atención sobre la diferencia en los regímenes políticos. Lo que quise destacar es una suerte de cambio de regla para evaluar gobiernos. Quiero decir, puedo tomar partido y decir que lamento que un gobierno como el de Chavez gane una vez más las elecciones. Y ello porque tengo otros gustos políticos (digamos, más o menos, con más o menos pasión) y que quiero que alguna vez haya un gobierno más cercano a mis gustos políticos. Hasta ahí, no se puede objetar nada. Lo que si se debería comprender que el tipo ganó la elección. Esa fue la posición de Capriles, el contrincante derrotado, que estuvo a la altura de las circunstancias y más todavía.
Ahora, ver en la duración del mandato de Chavez un problema de legitimidad política es otra cosa bien diferente. Algunos indican que no hay sistemas presidenciales que habiliten la duración del mandato por tantos períodos y, que sin embargo, sí sucede en los sistemas parlamentarios. En ello se entiende que no es problemático en estos últimos sistemas y si lo es en los primeros. No está muy claro el asunto. De echo uno de los principales críticos del presidencialismo esgrimía como ventaja en favor del parlamentarismo la durabilidad de los gobiernos y la inestabilidad de los gobiernos en los sistemas presidenciales. No se si logro explicarme!
Es por ello que creo, también, que sobre el tema régimen político hay algo por el estilo.... Un primer ministro elegido por parlamentarios ¿es más legítimo, más democrático, o (pongan lo que crean que completa mejor la pregunta) que un presidente electo? Quiero decir, (y obvio que no aplica para el caso de Miterrand que ganaba elecciones presidenciales), no se si el hecho de que sea un sistema parlamentario hace preferible una mayor duración del mandato que el hecho que sea un sistema presidencial, en donde para el caso hay un congreso elegido en forma separada del presidente (checks and balance); más aún si el sistema es bicameral.
En cuanto a mis preferencias políticas, no me creo el cuento de redención chavista. Ni un tantito así! Pero no puedo negarle que ha logrado tener a la mayoría de su lado y ganar elecciones que --a decir de observadores internacionales-- son libres y limpias. Por otra parte, no creo que ganar una elección sea sinónimo de validar una verdad o tener razón, ni mucho menos que sea la forma en que se manifieste la "voluntad general". Pero salvo que crea que hay otras formas superiores de resolver las diferencias políticas que someterlas a elecciones, no puedo hacer más que aceptar el resultado.
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sábado, 6 de octubre de 2012
Chavez, 1998 -¿2019?
Mañana, domingo 7, hay elecciones en Venezuela. Las encuestas dan ganador al actual presidente Hugo Chavez, algunas con una ventaja entre 10 y 20 puntos porcentuales. Las interpretaciones y análisis de algunos "analistas y consultores" respecto los ns/nc sugieren que puede haber un voto oculto en favor de Capriles. Pero eso es entre especulación y deseo de quienes simpatizan con él. Lo cierto es que Chavez se mantiene con una mayor intención de voto. Las encuestas en su mayoría (click) indican que no habrá sorpresas. Así están las cosas. Pero el fenómeno es de una centralidad política, que es dificil hacer un análisis que no sea pro Chavez o anti Chavez, sin deslizarse un poquito por esa pendiente resbaladiza. Salvo excepciones (click), la prensa se inclina por uno u otro en forma muy obvia. No hay análisis. Predomina el discurso político, las justificaciones y los juicios en favor o en contra.
Chavez llegó a la vida pública luego de encabezar un motín militar tipo "carapintada" en el año 1992, en un contexto de profunda crisis del sistema de partidos venezolano. Desde entonces se coló en el sistema político y en 1998 logró el triunfo en las elecciones presidenciales. Habiendo cambiado radicalmente el sistema de partidos, con la emergencia del Movimiento V República (posteriormente rebautizado PSUV), y cambiado la relación de fuerza entre los actores políticos, en 1998 convocó a una Asamblea constituyente que cambió la constitución venezolana hasta entonces vigente desde 1961. La "vieja constitución" era la cristalización institucional del pacto entre AD y COPEI, las dos fuerzas políticas que habían dominado la política venezolana en la segunda mitad del siglo XX y que se evaporaron a fines de los 90. De modo que en el referendum de 1999, la nueva constitución recibió el apoyo del 87% de los electores.
La reforma había sido tan profunda, que inmediatamente se convocó a una elección para renovar y, en algunos casos, cubrir los nuevos cargos municipales, regionales y nacionales. De este modo, en el año 2000 se realizaron las primeras elecciones bajo la nueva carta magna. Chavez consiguió su segundo triunfo electoral obteniendo el 60% de los votos, aproximadamente. Luego del intento de golpe de estado contra el presidente en 2002, en el 2004 intentó despejar las dudas sobre el respaldo popular que sostenía su presidencia, de este modo convocó a un plebiscito para revocar o ratificar su mandato, obteniendo el 59% de los votos. Debido a los cambios introducidos en la constitución de 1999, las elecciones presidenciales se realizaron en el 2006, siendo la tercera vez consecutiva que Chavez derrotó a sus contrincantes, con el margen histórico: 63% a 37%.
Para 2006 todo indicaba que Venezuela estaba partida al medio y estabilizada: un 60% de la población respaldando a Chavez y el 40% en una franca oposición a él. Con la sensación de cristalizar ese poderío electoral, en 2007 convocó a un referendum para aprobar una serie de reformas a la constitución del 99, entre las cuales destacaba la remoción del limite constitucional a la reelección del presidente. La sorpresa fue grande: perdió por un punto porcentual de diferencia, y la oposición se entusiasmaba con dejarlo fuera de carrera para 2012. No obstante, el revés electoral de 2007, al siguiente (2008), convocó a otro referendum (el mismo que anteriormente había sometido a la voluntad popular y que había sido rechazado), pero en esa ocasión, obtuvo el 55% del respaldo y logró remover los límites constitucionales que le impedían ir en 2012 por su cuarto período de gobierno.
Nuevamente, en las elecciones de 2010 para elegir representantes a la Asamblea Legislativa, Chavez sufrió otro revés electoral al obtener el 47% de los votos frente al 53% de la oposición. No obstante, artilugios institucionales de por medio, ese 47% de votos se convirtió en el 59% de los escaños birlándole el triunfo electoral a la oposición. Un buen ejemplo de una minoría electoral que se convierte en mayoría institucional, mediante la sobrerrepresentación de los distritos electorales que le son favorables a un partido (conocido como malapportionment y que ha inspirado al nombre de este blog).
Así las cosas, mañana sabremos si Chavez se queda hasta el 2019 en el trono o no. Y de no quedarse se abrirá un gran interrogante sobre el futuro de Venezuela y el potencial efecto que ello pudiera producir en la región. Se juega mucho en esa elección. No estoy muy convencido acerca de qué es lo mejor, dentro de las opciones realmente existente.
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viernes, 14 de septiembre de 2012
Desazón inorgánica
Digo que lo que vimos ayer a la noche es producto de un sistema de partidos por la mitad. Una mitad tiene un frente, una agrupación, un partido o como le quieran llamar que los expresa, que agrega sus demandas económicas, materiales, simbólicas, sociales, morales, etc. Esa mitad, con bajones y subidas, vota por el FPV, y votó por CFK en el 2007 (45%) y, un poquitín más, en el 2011 (54%). Obviamente, esa mitad no es petrea, ni estática, ni está congelada: en el 2009 el FPV obtuvo poco más de 32% de votos a nivel nacional. Pero ese sector, que duda cabe, tiene un partido, tiene un liderazgo que, le guste o no a la otra mitad, tiene una agenda de gobierno y que además es respaldada electoralmente. Con subidas y bajones, como ocurre en cualquier democracia.
Ahora bien, hay otra mitad, que por defecto, por fragmentación, por lo que a ustedes más le guste, no tiene canales políticos institucionales partidarios que expresen sus intereses, sus opiniones, sus demandas. Podrán decir que es tal la heterogeneidad de esa mitad que dificilmente pueda ser agregada. Me da la impresión que es tan heterogénea como el FPV, con la unica diferencia que no tiene un relato unificador que le de sentido. Y está faltando eso.
Ayer, en la manifestación, estaba esa gran mayoría que hoy no tienen partido, alternativa, espacio o movimiento que los encauce, los organice, y agregue esa pluralidad de demandas. Y lo que es peor aún, en general los que participaron en esas manifestaciones reivindican el hecho de no tenerlo. Como si no tener partido fuera una virtud, cuando en realidad se trata de un gran y grave defecto. Escuchaba periodistas señalar y resaltar que no hubo banderas políticas o partidarias a la vista, como si ello le otorgara al reclamo una legitimidad absoluta e impoluta. El discurso antipolítico (y antipartido) se coló como si esa fuera la genuina manifestación de las demandas. Como si eso fuera prueba de la existencia de una ciudadanía en estado puro y verdadero. Error fatal. El hecho que no haya banderas políticas es preocupante (aunque las hubo). Lo que intento decir es que si hubiera o existiera una oposición organizada esta gente no sentiría esa "desazón inorgánica". Esa frustración que se convierte en un odio irracional, por sentir que aunque llenen la plaza no tienen como canalizar esa energía electoralmente y mucho menos organizarla en una agenda de gobierno. Lo saben, porque lo vivieron en 2011, y sienten una frustración importante.
Atención, no se me entienda mal. Quiero decir que sienten que en el estado actual en que se encuentra el sistema de partidos, sus demandas, sus intereses, sus rabias y sus broncas, no tienen posibilidad alguna de expresión institucional. Y es un problema grave que sus demandas, minoritarias o mayoritarias, no encuentren ese cauce. No quiero decir con ello que vayan a lograr satisfacerlas, eso solo podrían lograrlo si tienen el respaldo de la mayoría. Lo que si quiero decir es que se sienten afuera. Los partidos que están sentados en el congreso por los cuales muchos de ellos votaron no logran agregar esas demandas y convertirlas en una oferta unificada, competitiva electoralmente y con una agenda de gobierno respaldada en una coalición solida. No tienen nada de eso!
Por eso, paradójicamente no vi a nadie en la manifestación pidiendo o gritando: "¡Un partido a la derecha, ya!". Al contrario, incluso reivindican el fragil hecho de no tener partido. Y eso es lo que creo que está haciéndoles falta. No solo les está haciendo falta a ellos, le está haciendo falta al sistema político, y le está haciendo falta al gobierno tener una oposición que le ponga la vara alta. Lo mejor de la era K se dió cuando el gobierno sentía que podía perder elecciones. Y lo peor de la gente se da cuando siente que no tiene por donde expresar sus demandas.
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jueves, 13 de septiembre de 2012
Cacerolas Reloaded: la otra mitad
No me sorprende la manifestación del descontento de esta noche. Para nada. No me sorprenden los cánticos de dudosa fe democrática que he escuchado. No me sorprende la seguidilla de errores del gobierno en los ultimos meses. No me sorprende que después del 54% "el gobierno" haya sentido que no hay nadie en frente que amenace su poderío electoral. No me sorprende, pero me preocupa. Me preocupa, eso si, que no haya oposición. No me preocupa que haya un gobierno que tome decisiones acertadas y otras erradas o incluso absurdas. Pero en todo caso, me preocupa que no haya una alternativa organizada que pudiera estar en condiciones de ganar una elección y además, y sobre todo, capaz de gobernar.
Hoy hubo otra protesta grande! Me recuerda a las de las noches de 2008. La de hoy fue un poco más grande que otras esporádicas manifestaciones anti-K. Hubo fuertes manifestaciones en CABA, en algunas zonas de la Provincia de Buenos Aires, en Cordoba, en Rosario, en Tucumán. En las ciudades grandes se puede observar que hay mucha gente descontenta. No tiene sentido, al menos ahora, jugar a los números: esto es, si son muchos o si son pocos. O si son muchos ¿cuantos son? Es lo de menos. No es menos relevante si son el 20% en lugar del 40% o del 51%. No es por ahí, creo yo, la forma de acercarse al problema.
El hecho que toda esta gente esté en la calle, como la otra vez, significa ni más ni menos que no está expresada, canalizada, representada, agregada por el sistema de partidos. Quiero decir, hay un sector importante del electorado que está representado por el FPV, el partido de la presidenta. De hecho, en las elecciones del año pasado este frente recibió el 54% de los votos. No obstante, se pudo observar en esa misma elección, que el segundo contendiente más votado logró el 17% aproximadamente. Quiero decir, que toda esta gente que está en la calle no está siendo representada por un partido que logre agregar, amalgamar, combinar sus intereses. No importa si logran o no ser mayoría. Eso sólo les permitiría ganar una elección. No estoy hablando de ganar la elección, si no de algo más básico que un sistema político --y sobre todo un regimen democrático-- debe garantizar: la representación del mayor número posible de intereses y opiniones.
Esta noche escuché decir a muchos analistas y periodistas, y también a algún que otro político descuidado, que esta protesta era un llamado de atención a la presidenta. Pues, si y no, creo yo. La gente que salió a manifestarse no favorecerá a la presidenta si ésta cambiara de dirección política o de modos discursivos. Para nada. No le están reclamando un cambio a la presidenta. Le están pidiendo al sistema político que tenga un sistema de partidos (obviamente, nadie decía esto literalmente, aclaro). Es decir, la demanda subyacente (al margen de los intereses específicos) es, en el fondo, que exista una oposición que articule esas demandas, esos intereses, esas opiniones. Es un deficit grande del sistema político actual el no tener un sistema de partidos completo. Quiero decir, tenemos medio sistema de partido: una mitad el FPV; y ¿la otra mitad? Porque si bien puede ser cierto que el gobierno esté sufriendo un poco de desgaste, no es menos cierto que es impredecible la dirección política que estos sectores pueden tomar electoralmente en ausencia de una alternativa clara y organizada.
El hecho que toda esta gente esté en la calle, como la otra vez, significa ni más ni menos que no está expresada, canalizada, representada, agregada por el sistema de partidos. Quiero decir, hay un sector importante del electorado que está representado por el FPV, el partido de la presidenta. De hecho, en las elecciones del año pasado este frente recibió el 54% de los votos. No obstante, se pudo observar en esa misma elección, que el segundo contendiente más votado logró el 17% aproximadamente. Quiero decir, que toda esta gente que está en la calle no está siendo representada por un partido que logre agregar, amalgamar, combinar sus intereses. No importa si logran o no ser mayoría. Eso sólo les permitiría ganar una elección. No estoy hablando de ganar la elección, si no de algo más básico que un sistema político --y sobre todo un regimen democrático-- debe garantizar: la representación del mayor número posible de intereses y opiniones.
Esta noche escuché decir a muchos analistas y periodistas, y también a algún que otro político descuidado, que esta protesta era un llamado de atención a la presidenta. Pues, si y no, creo yo. La gente que salió a manifestarse no favorecerá a la presidenta si ésta cambiara de dirección política o de modos discursivos. Para nada. No le están reclamando un cambio a la presidenta. Le están pidiendo al sistema político que tenga un sistema de partidos (obviamente, nadie decía esto literalmente, aclaro). Es decir, la demanda subyacente (al margen de los intereses específicos) es, en el fondo, que exista una oposición que articule esas demandas, esos intereses, esas opiniones. Es un deficit grande del sistema político actual el no tener un sistema de partidos completo. Quiero decir, tenemos medio sistema de partido: una mitad el FPV; y ¿la otra mitad? Porque si bien puede ser cierto que el gobierno esté sufriendo un poco de desgaste, no es menos cierto que es impredecible la dirección política que estos sectores pueden tomar electoralmente en ausencia de una alternativa clara y organizada.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
Sobredosis II
Hace un mes, exactamente, que no escribo nada en el blog. ¿Se me habrán acabado las pilas? En medio de eso abrí un nuevo blog "corro, luego existo" al cual también, en este tiempo, desantendí pero con el que me siento un poco más identificado. Pasó de todo en este mes. Pero retomo justo ahora que regreso de México, en donde todo está preparándose para la nueva asunción del presidente electo, y en donde AMLO está a punto de armar un nuevo partido político (MORENA) diferente al PRD.
Pero la ida a México estuvo teñida por las medidas del gobierno argentino que restringen la compra de dolares, imponen un 15% de cargo por compras con tarjetas en el exterior, que se suman a las ya existentes limitaciones para extraer dinero de los cajeros (en el exterior). A todo esto le dicen "el cepo cambiario". La incertidumbre es bastante importante cuando uno tiene que viajar. Entre el formulario que hay que completar para que la AFIP autorice la compra de dólares, y los límites de esos montos, aunado a que si bien los dólares están en tu cuenta, sólo los puedes sacar si vas a la sucursal de tu Banco, todo se convierte en un problema si tienes que partir con poco tiempo de anticipación.
Por momento me hizo acordar a esa sensación de incertidumbre que viví ya hace un tiempo, y que comenté en otro post del Blog: Sobredosis de incertidumbre
Pero la ida a México estuvo teñida por las medidas del gobierno argentino que restringen la compra de dolares, imponen un 15% de cargo por compras con tarjetas en el exterior, que se suman a las ya existentes limitaciones para extraer dinero de los cajeros (en el exterior). A todo esto le dicen "el cepo cambiario". La incertidumbre es bastante importante cuando uno tiene que viajar. Entre el formulario que hay que completar para que la AFIP autorice la compra de dólares, y los límites de esos montos, aunado a que si bien los dólares están en tu cuenta, sólo los puedes sacar si vas a la sucursal de tu Banco, todo se convierte en un problema si tienes que partir con poco tiempo de anticipación.
Por momento me hizo acordar a esa sensación de incertidumbre que viví ya hace un tiempo, y que comenté en otro post del Blog: Sobredosis de incertidumbre
jueves, 9 de agosto de 2012
Divide y vencerás! El triunfo del PRI
Las elecciones presidenciales realizadas en Julio de este año, en México, mostraron con mucha claridad los problemas de coordinación electoral que surgen en sistemas con tres partidos grandes a nivel nacional. Son los tan excéntricos casos de fallos duvergerianos. El sistema parece no estar en equilibrio, ya que las diferentes elecciones no sólo presentan un alto grado de volatilidad electoral si no que los resultados finales no logran dar por ganador al partido que recoge una mayoría de preferencias o al menos, una minoría de rechazos.
Como se puede apreciar el PRD y el PAN compitieron entre sì por los votos antipriistas, y permitiendo con ello que el PRI gane la elección a simple pluralidad de sufragios. La elección demostró que hay una mayoría muy amplia que no respalda al ganador pero que no se puede poner de acuerdo acerca de quien elegir para derrotarlo. De este modo, al PRI le cabe la famosa frase: "divide y vencerás"
En el gráfico podemos visualizar la relación de votos entre AMLO y JVM. El eje vertical indica el % de votos de AMLO y el horizontal (o el de las equis) indica el % de votos de JVM. Los puntos del gráfico representan a los estados. Si comparamos los resultados, al menos por estados, podemos apreciar que allí donde el PRD ganó lo hizo a costa del PAN (los estados identificados con color naranja y letra verde), y allí donde el PAN ganó lo hizo a costa del PRD (los estados azules con letras rojas). En los casos donde se emparejaron, ganó el PRI (los estados con cruz roja, y letra azul). Con ello quiero seguir sosteniendo que el triunfo del PRI, en una buena parte, se debió a la división del voto entre el PAN y el PRD (chocolate por la noticia!) porque allí donde no compitieron entre ellos, derrotaron con facilidad al PRI.
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