En las primeras horas del jueves 17, la cámara de diputados le dio media sanción al polémico proyecto de Ley de Medios y Servicios Audiovisuales (conocida peyorativamente como ley de medios K). El proyecto recibió 146 votos a favor, 3 abstenciones y 3 votos en contra. Así figuraba en el tablero electrónico de la cámara, que al mismo tiempo acusaba 153 diputados presentes (¿cómo? a mi me da que eran 152! segun los votos, digo).
Las negociaciones de último momento le permitieron al FPV (el kirchnerismo que le dicen) cosechar la adhesión de algunos sectores que se mostraban críticos: 9 de los 10 diputados del bloque socialista votaron a favor (solo la cordobesa Laura Sesma mantuvo el rechazo a la ley); Claudio Lozano, de Proyecto Sur (el partido de Pino Solanas, que fue personalmente al Congreso a ratificar su apoyo a la ley) y los cinco chubutenses del bloque K que responden al gobernador Mario Das Neves.
Los tres neuquinos del MPN (Movimiento Popular Neuquino) –que votan siempre con el Gobierno-- no se retiraron, pero votaron en contra. Aún así, el titular del bloque de centroizquierda SI, Eduardo Macaluse, antes de dar su voto positivo señaló que "estoy seguro de que hay modificaciones que va a hacer el Senado y nosotros las vamos a tener que terminar votando por no haber trabajado mejor, con más tiempo."
Ahora el proyecto pasó al Senado. La cámara alta seguramente hará modificaciones que, de aprobarse, deberán ser devueltas a la cámara baja para que esta insista con su version enviada o apruebe las modificaciones hechas por el senado. Todo indica que, si el senado no realiza grandes cambios sustantivos, diputados confirmará las revisiones realizadas por la alta (tenian 146 votos, no?).
Pero todavía hay que pasar el senado... (el invierno, decia un capitán ingeniero cuyo apellido nunca será nombre de alguna calle, si la cordura de León Gieco prevalece en las decisiones de los gobiernos locales). En el senado la cosa no es facil... si lo sabrá el gobierno que vio rechazado el proyecto de Retenciones Agropecuarias con un empate 36 a 36 y una definición del vicepresidente en contra.
Más allá de lo que queda, lo que a mi más me llama la atención es la recuperación de la iniciativa política por parte del gobierno. Hace unos meses perdían las elecciones (bueno, es una lectura posible; sacaron la primera minoría, dirá alguno, y nadie obtuvo más votos a nivel nacional) y hoy sacan proyectos con más respaldo (146) en diputados y en senado de los que tenían cuando votaron la 125 (el proyecto de retenciones). Y pensar que pensabamos que empezaba el abandono del barKo.
Como dice el refrán, no está muerte quien pelea... y menos quien controla la agenda.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
El número de partidos políticos
El jueves pasado presencié una reunión sobre las buenas intenciones del gobierno acerca de la reforma política. Se comentaron muy en forma general hacia donde apuntaba la cosa. Ya todos saben: internas abiertas, obligatorias y simultáneas y algo sobre el tema de financiamiento de las campañas. Luego muchos intervinieron a modo de check list de las cuestiones que se podrían tratar aprovechando el impulso reformista (que las listas, que la representación) en fin.
Se hizo hincapié en el tema partidos. Hay muchos partidos!!! Partidos, Frentes, Coaliciones. Nacionales, provinciales, distritales, municipales, vecinales. Es engorroso para los electores diferenciarlos y confunde más que aclara. El argumento imperante en la atmósfera señalaba que el hecho de que haya tal variedad de opciones políticas termina por confundir, y no permite que exista una competencia justa, clara e imparcial. Me llamó la atención este asunto, porque sonaba a que si hay muchas empresas que ofrecen productos diferentes en el mercado la gente no tiene información para poder hacer sus elecciones y termina por confundirse, por eso necesitamos regularlo. Claro, la política no es el mercado. En fin, estamos de acuerdo que hay muchos partidos y que se trata en algunos casos (listas espejos, listas colectoras, etc.) de etiquetas que sólo sirven para confundir y despistar. De este modo, regular el "mercado de los partidos" parece estar a la orden del día. Estoy de acuerdo.
Ahora bien, hay tres cuestiones que diferenciar en este asunto. La primera es normativa: la regulación debe favorecer que tipos de partidos y cuales no? Son buenos los partidos? Cosas por el estilo, sobre este asunto no hay mayor problema. Todos (con la ambigüedad que TODOS supone) queremos un sistema de partidos razonable (que sirva para presentar ofertas diferentes, pero no al límite de confundir). Normativamente, apuntamos en la misma dirección.
La segunda es política. A mi modo de ver, esta es la más importante: ¿querrán quienes tienen que regularse, imponerse unos límites que les impidan hacer lo que hasta ahora hacen (y les reditúa)? Supongamos que no (que es lo más obvio) ¿existe algún actor o conjunto de actores, capaces de hacerlo? es decir, ¿tienen el poder político e institucional para hacerlo? y además, ¿cuentan con la legitimidad que ello implica de modo tal que la decisión no esté reñida con las preferencias de los ciudadanos? ¿hay confianza para tal decisión?
La tercera cuestión es técnica. Y si bien está subordinada a la posibilidad política anterior, quiero hacer algunas precisiones propositivas. ¿Como resolver el problema del número de partidos? Elevar el umbral de admisión de partidos políticos es la solución, o al menos eso parece. Pero eso puede hacerse de muchas formas: las internas abiertas y bla..bla.. bla... podrían producir ese efecto en forma secuencial. También, una ley que modifique la cantidad de firmas, afiliados o algo así para inscribir un partido, solucionaría directamente el asunto. Otra más vieja, es cambiar el sistema electoral por una más restrictivo (por ejemplo, una sistema mayoritario con magnitudes pequeñas ... muy pequeñas), pero eso tendría un efecto sólo a nivel distrital y quizás no ayude mucho a la paz política.
A mi modo de ver, también debería exigirse una ley que distinga que para los cargos nacionales sólo se puedan presentar partidos nacionales, y que para ser tales no sólo alcanzara con un número de firmas sino de presencia territorial con un número de firmas o adhesiones regionales. Por ejemplo, una posibilidad sería exigir que cumpla con los requisitos de admisión a nivel provincial y logre la admisión en al menos en 2/3 de los 24 distritos electorales actuales (provincias más CABA). De este modo, tendríamos partidos nacionales que tienen que buscar votos a escala nacional, obligándolos de este modo a posicionarse sobre temas nacionales, buscando la forma de coordinar diferentes intereses y agruparlos en una propuesta.
Ahora bien, para los cargos provinciales podrían entrar a competir ahí sí los provinciales. De este modo, un partido provincial puede aspirar a ofrecer políticas para su provincia, sin trasladar el asunto a un problema nacional. Lo mismo a nivel municipal. Y en cada caso, un criterio de admisión a la competencia.
Esto produciría tres efectos. El primero, una reducción de las alternativas nacionales a alternativas verdaderamente nacionales. Segundo, una diferenciación de los diferentes niveles de competencia y política y una separación de las agendas, de modo que lo "nacional" no contamine las preocupaciones locales. Y tercero, obligaría a los partidos provinciales, que quieran aspirar a influir en la política nacional o federal, a la conformación de un partido nacional que represente la cuestión federal en forma organizada y claramente identificable por los electores.
El tema es más complejo que esto, y quizás la cuestión política sea más importante. Lo dejo para después.
Se hizo hincapié en el tema partidos. Hay muchos partidos!!! Partidos, Frentes, Coaliciones. Nacionales, provinciales, distritales, municipales, vecinales. Es engorroso para los electores diferenciarlos y confunde más que aclara. El argumento imperante en la atmósfera señalaba que el hecho de que haya tal variedad de opciones políticas termina por confundir, y no permite que exista una competencia justa, clara e imparcial. Me llamó la atención este asunto, porque sonaba a que si hay muchas empresas que ofrecen productos diferentes en el mercado la gente no tiene información para poder hacer sus elecciones y termina por confundirse, por eso necesitamos regularlo. Claro, la política no es el mercado. En fin, estamos de acuerdo que hay muchos partidos y que se trata en algunos casos (listas espejos, listas colectoras, etc.) de etiquetas que sólo sirven para confundir y despistar. De este modo, regular el "mercado de los partidos" parece estar a la orden del día. Estoy de acuerdo.
Ahora bien, hay tres cuestiones que diferenciar en este asunto. La primera es normativa: la regulación debe favorecer que tipos de partidos y cuales no? Son buenos los partidos? Cosas por el estilo, sobre este asunto no hay mayor problema. Todos (con la ambigüedad que TODOS supone) queremos un sistema de partidos razonable (que sirva para presentar ofertas diferentes, pero no al límite de confundir). Normativamente, apuntamos en la misma dirección.
La segunda es política. A mi modo de ver, esta es la más importante: ¿querrán quienes tienen que regularse, imponerse unos límites que les impidan hacer lo que hasta ahora hacen (y les reditúa)? Supongamos que no (que es lo más obvio) ¿existe algún actor o conjunto de actores, capaces de hacerlo? es decir, ¿tienen el poder político e institucional para hacerlo? y además, ¿cuentan con la legitimidad que ello implica de modo tal que la decisión no esté reñida con las preferencias de los ciudadanos? ¿hay confianza para tal decisión?
La tercera cuestión es técnica. Y si bien está subordinada a la posibilidad política anterior, quiero hacer algunas precisiones propositivas. ¿Como resolver el problema del número de partidos? Elevar el umbral de admisión de partidos políticos es la solución, o al menos eso parece. Pero eso puede hacerse de muchas formas: las internas abiertas y bla..bla.. bla... podrían producir ese efecto en forma secuencial. También, una ley que modifique la cantidad de firmas, afiliados o algo así para inscribir un partido, solucionaría directamente el asunto. Otra más vieja, es cambiar el sistema electoral por una más restrictivo (por ejemplo, una sistema mayoritario con magnitudes pequeñas ... muy pequeñas), pero eso tendría un efecto sólo a nivel distrital y quizás no ayude mucho a la paz política.
A mi modo de ver, también debería exigirse una ley que distinga que para los cargos nacionales sólo se puedan presentar partidos nacionales, y que para ser tales no sólo alcanzara con un número de firmas sino de presencia territorial con un número de firmas o adhesiones regionales. Por ejemplo, una posibilidad sería exigir que cumpla con los requisitos de admisión a nivel provincial y logre la admisión en al menos en 2/3 de los 24 distritos electorales actuales (provincias más CABA). De este modo, tendríamos partidos nacionales que tienen que buscar votos a escala nacional, obligándolos de este modo a posicionarse sobre temas nacionales, buscando la forma de coordinar diferentes intereses y agruparlos en una propuesta.
Ahora bien, para los cargos provinciales podrían entrar a competir ahí sí los provinciales. De este modo, un partido provincial puede aspirar a ofrecer políticas para su provincia, sin trasladar el asunto a un problema nacional. Lo mismo a nivel municipal. Y en cada caso, un criterio de admisión a la competencia.
Esto produciría tres efectos. El primero, una reducción de las alternativas nacionales a alternativas verdaderamente nacionales. Segundo, una diferenciación de los diferentes niveles de competencia y política y una separación de las agendas, de modo que lo "nacional" no contamine las preocupaciones locales. Y tercero, obligaría a los partidos provinciales, que quieran aspirar a influir en la política nacional o federal, a la conformación de un partido nacional que represente la cuestión federal en forma organizada y claramente identificable por los electores.
El tema es más complejo que esto, y quizás la cuestión política sea más importante. Lo dejo para después.
martes, 8 de septiembre de 2009
Se va la tercera?
Finalmente la cámara baja de Colombia aprobó la iniciativa de referéndum para un tercer mandato (la re-re-elección), a la cual el senado ya le había dado media sanción. ¿Se viene el tercer gobierno de Uribe? La persistente insistencia por parte de los actores políticos de modificar las reglas del juego, como sucede en Venezuela también, indican paradójicamente cuan importantes son las reglas a pesar de su poca capacidad para persistir. Si no importaran las reglas, ¿para que tomarse el trabajo de cambiarlas, no?
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