domingo, 29 de enero de 2012

Sobre los papistas descentralizados y la constitución

Hay una frase que se utiliza para describir a las personas que, en su afán de dar muestras de lealtad o de adhesión a una idea o un proyecto, suelen incurrir en exageraciones que nadie les pide ni les exige. A esos se los define como "más papista que el Papa". La idea proviene de siglos, y caracterizaba a los católicos que pretendían, y se jactaban de, vivir al pié de la letra y más aún el catolicismo. Podría haberse dicho "más católico que el Papa", pero no tendría tanta sonoridad.

La expresión aplica cabalmente a otras creencias, ideas o pertenencias políticas. Por ejemplo, aplica a intendentes municipales, legisladores locales, legisladores nacionales, dirigentes de agrupaciones políticas, funcionarios públicas, etc. que a veces intentan demostrar su "devoción" a la conducción o dirigencia nacional con actos que creen serán del agrado de la conducción, la dirigencia o el líder. Si a alguno, esa demostración, le reporta algún rédito, entonces la acción, movimiento o estrategia comienza a repetirse y a ser imitada por otros. Por ejemplo, ponerle nombres a las calles, plazas, escuelas, etc. para rendirle homenaje a un líder político. Pasaba con Perón y Eva, y pasa con Nestor Kirchner, y ha sucedido con otros dirigentes políticos. Nadie les pide a los "papistas" que lo hagan, pero juzgan oportuno hacerlo por varias razones: que venga la presidenta a inaugurar la obra y sacarse la foto, entrar en la consideración de algún funcionario nacional que puede promoverlos, entrar en la consideración o tener llegada a alguien con peso en el armado de listas, repartos de recursos, etcétera.

La estrategia,  si funciona, comienza a contagiarse, e incluso puede llegar a convertirse en una estrategia dominante colectivamente. La estrategia de ser "más papista", al principio y hasta cierto umbral, puede tener beneficios. Pero al masificarse, los beneficios comienzan a decrecer, al punto tal que la congestión de "papistas" puede llegar a un nivel en donde, si bien traía beneficios, ahora no hacerlo puede generar costo, o al menos existe la creencia que no hacerlo puede ser mal visto (desde estar armando en paralelo, pasando por ser desleal, hasta cualquier otra cosa negativa). Y de nuevo, sin que nadie lo pida, hay una ola de "papistas" que hacen sus ademanes para evitar ser (o creer evitar ser) tachados de "antipapistas". El efecto contagio puede llegar a grados insospechados cuando se combina con una organización con iniciativa descentralizada. Puede escapar a los intentos de frenarlo centralizadamente, incluso por parte del propio lider o dirigencia.

Algo de eso puede pasar con los "papistas" que tiran en cualquier mesa, de cualquier lugar del país, en cualquier acto de cualquier distrito electoral, que debería haber una reforma constitucional para habilitar a que CFK pueda competir por un tercer mandato en 2015. El mecanismo es similar al de las calles y plazas, a ciertos umbrales de actividad. Por ejemplo, salir a proponer o "bancar" la re-reelección, --usando la jerga política-- al principio puede reportarle a quien lo hace fama de leal o ganar el aprecio de los dirigentes que gozarán del beneficio de la continuidad. Pero una vez que esto se hace general, ya no produce ningún beneficio, puesto que no distingue a quien lo hace. Y, a la inversa, los que se distinguen son los que no lo hacen o no la piden, obligados a tener que hacerlo para no ser mal vistos o caer en sospechas. Dada la información limitada (incompleta e imperfecta), y las creencias compartidas, callarse o decir que "no están de acuerdo" podría reparar alguna sospecha de deslealtad (y sus consecuentes costos).

De este modo, las oleadas de "papistas" descentralizados generan inconvenientes importantes para el control de la agenda por parte de la conducción o dirigencia. Te suelen poner en la agenda un tema que es poco conveniente instalar y promover, pero que una vez que te lo instalan suele ser dificil de desactivar. 

1 comentario:

  1. Muy buen comentario hirsmanchiano (o algo así). Terminan peligrando la posibilidad de plantear algunos temas que pueden revisarse en la Constitución, y no la reelección por caso. Por otra aprte Cristina podrìa llegar a presentarse sin reforma, citando el antecedente de Angeloz, que fue electo tres veces concecutiva gobernador, argumentando que el primero mandato era por otra constitución.
    Lo que yo si plantearía son cuestiones de recursos naturales que me parece exigen mayor participación de la Nación. Y el Consejod e la Magistratura parece tener algunas limitaciones. Y desde luego, un artículo que establezca a lso politólogos como corporación encargada de velar por la democracia, con honorarios, desde luego

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